Capítulo 18
Formas de vida
Molinos maquileros
Varios molinos maquileros se encontraban diseminados por el cauce del río Ramos y daban prestancia a este lugar. Molinos construidos a la vera del río y con canales hechos por el hombre, que desviaban parte de las corrientes hacia ellos y cuyas ruedas eran movidas por las aguas recogidas. Algunos de estos ingenios formaban parte de bienes vinculados a mayorazgos civiles o eran propios de los concejos de tal manera que su propiedad y aprovechamiento estaban sumamente repartidos.
Se sabe de tres molinos; uno en la presa o salto de Aceña, otro en el puente y otro más hacia Portillo en Promavil. En este se molió piedra negra que se sacaba cerca de la casa Tablas para polvos de Esmeril. Todavía podemos saborear los paredones del molino de «arriba» que destacan sobre los verdes colgajos que penden de todas sus paredes y dentro, se encuentran enfangadas las ruedas de moler, con su canal que se encuentra en perfecto estado de conservación. En este río, las cerdigueñas con sus cargas a la cabeza, buscaban lastras preferidas donde hubiera un pozo suficientemente hondo y que corriera bien el agua y con un sencillo cojín, apoyar sus rodillas y comenzar a lavar. Sobre este río, las lavanderas cerdigueñas tienen parte de su historia; canciones, chascarrillos, amores y algún que otro susto como cuando el desbordamiento de río arrastró la ropa de una vecina, estampándola por todo el cauce. Ella, con el gran susto, estuvo en cama durante unos cuantos días.
Los Caleros
Cerredo ofreció multitud de caleros. La cal no existe en estado natural, por lo que hay que descomponer la piedra caliza, sometiéndola a grandes temperaturas y el resultado final es un polvo blanco y algo tostado por las impurezas que contiene y se prepara en unos hornos llamados caleros. Durante cientos de años en Cerdigo, se explotaron los caleros y ya en el siglo XV se encuentran menciones a ellos. La cal es uno de los aprovechamientos del monte Cerredo y que más vida ha dado a este lugar, además de leña y carbón. En los caleros de la comarca de Cerdigo, se cocían varias hornadas anuales, bien de forma colectiva o individualmente, según las necesidades. Lo mismo en la costa que en el interior, aún hoy en día podemos encontrar diversos caleros. Si la cal se cocía para su venta, el concejo establecía un control sobre su elaboración por lo que muchas veces se originaban serios conflictos y más entre los lugares de Cerdigo e Islares, que junto a otras entidades como por ejemplo Guriezo, formaron lo que se llamó «Junta de la Cal», que con el transcurrir del tiempo formaron una hermandad en la que entraban todos los interesados concernientes a su economía; entradas y ventas de chacolí, mercadurías, pastos, etc…
Para construir un calero se realizaba una excavación cilíndrica de tres a cuatro metros de profundidad y de dos a tres de diámetro abierta por lo alto y con una pequeña galería en forma de arco por abajo que sería el horno. La piedra caliza se metía por el agujero superior, utilizando trozos grandes para formar una pequeña bóveda en la parte de abajo, colocando material combustible intercaladamente. Por le hueco de la boca inferior, se introducía el material de quemar (roza o maleza) y se le daba fuego. Había que mantenerse vigilantes día y noche alimentando el fuego hasta que se calcinaba la piedra, descomponiéndose en gases que se perdían por la parte superior de la abertura. La cal, oxido de calcio (cal viva) que se concentraba en el fondo, era lo que se recogía para su posterior utilización.
Tres eran las formas de utilizar la cal: mezclada con agua y arena se formaba una argamasa que se va endureciendo, por lo que para la construcción era fundamental. Mezclada con agua se formaba la cal líquida o lechada utilizada para el blanqueo de las casas. La lechada de cal (rebajada con agua) tiene componentes antisépticos; cuando el famosos cólera asoló nuestra zona en los años 1850-1860, salieron docenas de toneladas de cal del monte y la costa de Cerdigo para desinfectar las casas y alcobas de la villa, ya que decía de ella «limpiaban de cólera».
El pueblo de Cerdigo tenía la costumbre ancestral de tapar a los muertos con cal viva para evitar posibles emanaciones contagiosas dado las frecuencias de las epidemias en la Edad Media, como así se atestiguó cuando haciendo obras en la iglesia de San Juan Evangelista las tumbas que se descubrían, estaban tapadas de cal viva que habían descompuesto los cuerpos.
Carbón
Numerosas hoyas se encuentran en el monte de Cerredo para la elaboración del carbón. Muchas ferrerías había por los alrededores (Guriezo, Sámano) que no poseían la facultad de la cercanía y la facilidad para hacer carbón en sus cercanías. Cerredo les ofrecía a estas ferrerías carbón en abundancia y garantías de rapidez. Venían a las hoyas de Cerredo, coyas de asturianos y de otras provincias como Burgos. Se pasaban largas temporadas en los montes, primero cortando y seleccionando leña y después vigilando las carboneras.

· Ilustración de Leire Lizuain Riega
La Junta de la Cal era otro de los fundamentos para tratar del carbón. El carbón vegetal se obtenía mediante la combustión sin completar de la madera en las carboneras. El castaño, la encina, el roble y sobre todo el borto que tanto abunda en Cerredo, era el más duradero ya que su tizón tardaba en consumirse. Se amontonaba la leña para construir la carbonera verticalmente y por capas, rodeándolas de apeas centrales que harían de chimenea formando una especie de cono. Todo el conjunto se cubría de tierra, se daba fuego con bardiascas hasta que el fuego se propagaba a todo ello. Era el momento de tapar la chimenea y se iban abriendo ventanucos laterales para la entrada de aire, tapándolos y abriendo otros para que la combustión se fuese extendiendo a las planchadas de leña. Una vez terminada la combustión, se tapaban las aberturas y se dejaba extinguir el fuego.
El hacer carbón vegetal duraba varios días y a veces (según la madera empleada) hasta semanas y había que vigilarlo continuamente si no queríamos que cogiese yesca y se estropeara la madera. Se obtenía de esta manera un carbón vegetal necesario para las ferrerías porque no hacía llama y poseía un gran valor calorífico y no contagiaba impurezas al hierro que se elaboraba. Los ingresos obtenidos con el carbón constituían una riqueza importante para el Concejo.

