CAPITULO 5
Las Lecheras
Como en todos los lugares de la comarca, las cerdigueñas, bien de mañana con el cabacil y las más con el carro del burro, bajaban al «pueblo» para vender la leche. Cada una tenía sus clientas y las calles de Castro se llenaban de voces cantarinas por la mañana. En el casco viejo de la ciudad se llegaban a vender entre 1500 y 2000 litros de leche diarios.

· Ilustración de Leire Lizuain Riega
Para el abastecimiento público y control sanitario de la leche, el inspector Municipal de Alimentos y veterinario titular de la villa, formó un reglamento en 1925 para concienciar al vecindario y motivar a las lecheras. «Pocas cosas habrá en la naturaleza animal tan maravillosas como la leche», decía el inspector.
Las malas o buenas cualidades de la leche no solo provienen de adulteraciones de los lecheros, sino que hay muchas otras cosas más peligrosas como pueden ser, una cuadra sin aire y sin luz, la práctica del ordeño muy sucia, las vasijas sucias,… Por eso, toda persona que se dedique a la venta de la leche se sujetará a las condiciones siguientes:
1º. Solicitar autorización del Ayuntamiento, manifestando la procedencia de la leche, número de vacas que la producen y sitio donde ha de realizarse la venta.
…
7º. Queda prohibido, vender leche mezclada de distintas especies animales; introducir en las vasijas flotadores para evitar el derrame y conducir en las citadas vasijas otras sustancias de cualquier naturaleza que sean entre los que citamos alguno de los más curiosos apartados.
…
9º. Se decomisarán las leches que no reúnan las riquezas estipuladas.
Hay una disposición final en la que se le entrega un diploma a aquella persona que durante todo un año haya cumplido fielmente los requisitos obligados. Una cerdigueña muy profesional ganó dos diplomas y como sucede en Castro desde siempre, que por cualquier cosa te sacan un «cantar», aquí tenemos el que sacaron a las de Cerdigo.
Lecherita de Cerdigo
Desde Cerdigo hasta Castro
Han hecho una carretera
Por donde suben y bajan
Todo el día las lecheras
Hay lecherita bonita
La de los ojos de Cielo
Dame pronto tu cariño
Que me tienes sin consuelo.
Hay dime, hay dime,
Hay dime que sí
Lecherita bonita
Que me quieres a mí.
De Romerías
Desde tiempos pasados se asistió con mucha devoción a la Bien Aparecida. Los romeros de Cerdigo se preparaban para salir de madrugada y cumplir sus promesas. Otros salían de víspera andando (algunos descalzos) como penitencia y luego se quedaban a dormir en el interior de la iglesia, esta costumbre se mantuvo hasta bien entrados los años cincuenta.
Los que salían el mismo día de la celebración lo hacían muy de mañana en autobuses y excursiones que salían de Castro. Se llevaba la comida de casa y se buscaba un prado donde se compartiría la comida con los demás. Las rosquillas de la Aparecida y las avellanas era algo fijo que se traía a los que se quedaban en casa.

· Ilustración de Leire Lizuain Riega
Se acostumbraba a ir a las romerías de las cercanías; San Roque (Islares), el Carmen (Oriñón), San Antolín (Allendelagua), se acudía muy de mañana para asistir a las misas y luego quedarse a los festejos. Muchos lugareños aparejaban el carro con el burro y con la comida propia y la de otros, se acercaban al lugar, para después de la ceremonia, festejar el día. Después de la fiesta se retornaba temprano, ya que la barca dejaba de funcionar a una hora determinada y si no, había que volver por Candina.
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