CAPÍTULO 8
El juego III
Tres navíos en el mar
Era un juego más bien mixto en el que se hacían dos grupos, uno de policías y otro de ladrones. Los ladrones se escondían y los policías iban en su busca. Para saber que ya se habían escondido, los ladrones gritaban; «Tres navíos en el mar» y los policías contestaban; «otros tres en busca van».

· Ilustración de Leire Lizuain Riega
Cuando los policías daban con ellos se decía; «cierto descubierto ladrón, cierto descubierto ladrón» y quedaba preso y así sucesivamente hasta que se descubría a todos. A veces si quedaba un ladrón, podía liberar a los demás presos que estaban custodiados por los policías solo tocándolos, pero si todos eran apresados se cambiaban.
El burro
Este juego era mixto y se quedaba de burro el que con la correspondiente canción había sido elegido. Saltaban sobre él, y sin tocarle con los pies, cantaban todos los siguientes versos:

· Ilustración de Leire Lizuain Riega
A la una la mula
A las dos el reloj
A las tres Santa María y Andrés con el culo al revés
A las cuatro culaca que te parto
A las cinco cilín cilindro
A las seis almorzaré
A las siete entro y cojo mi garapichete
A las ocho paso y le recojo
A las nueve empina la bota y bebe
A las diez otra vez
A las once llama el conde
A las doce le responde
A las trece le amanece
A las catorce curricaña
A las quince la montaña
A las dieciséis perritos y galgos echan a correr
Las tabas
Uno de los juegos que más se practicaban eran las tabas, huesos que se sacaban de las articulaciones de las patas de los corderos. Tenían cuatro posiciones; la primera con el hueco hacia arriba (hoyos), la segunda con el hueco hacia abajo (tripas), la tercera con la cara estrecha y lisa hacia arriba (lisos) y la cuarta con la cara estrecha y hundida hacía arriba (carneros).

· Ilustración de Leire Lizuain Riega
También se decía; «hoyo, pala, cuto y carne«. Se jugaba con seis o doce tabas (grandes y pequeñas) y con una pelota o canica para jugar al bote o arriba. Se dejaban caer las tabas sobre una superficie lisa, se lanzaba la canica al aire y mientras caía, había que retirar las que estaban de hoyos y dejar otra u otras preparadas de hoyos para ir retirándolas de tal manera que en cada lanzamiento de canica había que retirar alguna y dejar otra en su postura correcta. Sino se hacía así o se dejaba caer la canica, se perdía turno. A continuación se iba a tripas, lisos y carneros.

